Usualmente posts con ese título van archivados en la categoría "Fuertes Declaraciones", en las que alguien despotrica contra otra persona, llega un medio de ética cuestionable y recopila lo más jugoso. Pero como no estamos en Hollywood ni en ninguna televisora, eso no sucede realmente aquí.

Tengo que admitir que, aunque lo he intentado, nunca le he agarrado cariño a Harper's Bazaar. No es que tenga un problema con las editoras locales o con Glenda Bailey (Y siendo sinceros, si ese fuera el caso, ambas partes ni siquiera pestañearían ante la idea). pero hay cosas que no me agradan de la revista y no había sabido identificar hasta hace poco. Digamos que ese malestar es un poco sensorial.
Pero admito que no todo es malo y si fuera así, no podría realmente tener algunos ejemplares comprados rondando en casa. Es algo que me cuesta trabajo explicar, tanto que hice un post entero para aclararlo. En fin.
Vamos primero con lo que sí me gusta:

Tienen contenidos interesantes. Y puedo ser aún más específico:
-El diseño editorial de la revista es el mejor que hay en el mercado: En este punto no hay discusión. Siempre que me preguntan sobre revistas "comerciales" con un gran diseño, pienso primero en todas las ediciones de Bazaar que conozco y luego en Vogue Paris. La tipografía es fácil de leer, en la página se acomodan las imágenes en vez de ser amontonadas y cada página tiene un ritmo perfecto. Si usted, lector, quiere ser diseñador editorial, le sugiero correr a googlear a Elizabeth Hummer (directora de diseño en la revista), imprimir una imagen suya y prenderle velitas.

-El reporte que hace Suzy Menkes sobre las tendencias de cada temporada: Si hay alguna persona indicada para hacerlo, es Suzy. La inspiración, el motivo por el que surgieron, ideas para combinarlas y una editorial que las acompaña, todo eso viene en el reporte. Sí, es meramente informativo, pero es bastante bueno para ponerse al corriente cada marzo o septiembre.
-Las columnas de Rita Wilson y, de vez en cuando, Carrie Fisher: la mujer de Tom Hanks, musa de Tom Ford y fanática de la moda es una persona sincera, divertida e inteligente. Por lo menos esa imagen me dan sus textos porque son bien pensados y resulta un alivio leerlos entre tantas "recomendaciones" de celebridades que son más falsas que un bolso 2.55 de Louis Vuitton. Hablar libremente sobre su peso, la falta de amabilidad en Hollywood y esa habilidad tan femenina de 'checar' los atuendos de las otras en un nanosegundo es algo que no cualquiera se atrevería a hacer, pero Wilson lo hace.

Carrie Fisher también ha sido invitada por Bazaar a escribir sobre novedades o cosas de la moda que le irritan. Una vez la hicieron salir a la calle con un saco de Balmain (de esos de cien mil dólares), para ver la reacción de la gente. En otras ocasiones ha criticado las muletillas de la gente en moda y otros comportamientos de una forma muy ácida e ingeniosa. ¿Por qué no la incluyen permanentemente en la revista?

-Su dinámica de entrevistas (con sus 'asegunes'): Hace poco, uno de los chicos de Trista entrevistó a Massimiliano Giornetti, director creativo de Salvatore Ferragamo y no lo hizo mal, aunque me quedé con ganas de saber más cosas sobre él. Del mismo modo, han juntado en entrevistas a Bianca Jagger con Francisco Costa, a Marc Jacobs con Naomi Campbell y hasta lograron que Azzedine Alaïa dejara su rechazo habitual por la prensa. Las entrevistas son casi pláticas de amigos, pero la edición es muy buena.
-Son imaginativos: Stephen Gan es director creativo y ha tenido buenas ideas, tales como poner a Demi Moore en un McQueen con una jirafa, combinar Alta Costura con dibujos de comics, crear una editorial donde Chloë Sevigny se va a rehabilitación y demás ocurrencias.
-La retrospectiva de John Galliano en Dior (2007): Esta es una de las primeras editoriales que me robó el corazón al instante. Sí, ya sé, el editor de moda fue Nicola Formichetti pero no me importa: las fotografías de Simon Procter son mejores que la retrospectiva de Marc Jacobs en Vuitton o la de Prada y Schiaparelli en Vogue. Y estamos hablando de editoriales de Steven Meisel.
El fotógrafo de la sesión de Galliano, Simon Procter, ya hizo una carrera con esas imágenes. Ya se podría retirar sabiendo que hizo su mejor trabajo (ojalá que no). Sigo esperando una retrospectiva por los quince años de Nicolas Ghesquiere en Balenciaga pero parece que no se les ha ocurrido (inserte una carita triste).

-El activismo de Glenda Bailey: Desde que inició ha atacado fenómenos como la piratería, exponiendo lo que hay detrás de un Vuitton falso (desde trata de personas hasta un impacto ecológico terrible) y otras ideas para apoyar determinadas causas. Por ejemplo, comisionó una boina de Dolce & Gabbana para apoyar a los bomberos y policías del 11 de septiembre.
-Su staff es bastante bueno: Ya mencionamos a Wilson y Fisher, pero también tienen en sus filas a Robin Givhan (editora de moda del Washington Post y una de las mujeres más inteligentes en la industria), Camilla Akrans, al tío Karl, Peter Lindbergh, a Tatiana Sorokko (una exmodelo rusa que se ha vuelto coleccionista de Alta Costura, con un gran conocimiento de historia de la moda y un closet para morirse).

Creo que, además del tío Karl y Lindbergh, dos de sus colaboradores más ilustres son William Klein y Jean Paul Goude. A Klein lo sacaron de un retiro de 35 años para una sesión con diseñadores épicos, un privilegio que ni Vogue ha logrado. Y Jean Paul Goude fue uno de los fotógrafos más importantes de los 80 (y como director de arte, se encargó de la celebración del 200 aniversario de la Revolución Francesa. Quizá debimos haberlo contratado aquí para nuestro fallido Bicentenario). Ambos son leyendas vivientes y sus trabajos hablan por sí mismos.
Y a pesar de eso...
Cuando tomaba clases de fotografía, me sucedió muchas veces lo siguiente: En mi mente veía una imagen maravillosa, tomaba la cámara, disparaba y no pasaba nada. Bueno, sí salía una imagen pero estaba movida, con la luz mal dirigida o simplemente no se veía tan impresionante como la había pensado. Mi maestra de foto sólo veía la imagen y me decía: "Casi" o "Esta imagen está bien, pero no me mueve nada. No me provoca nada". Y yo sabía que había perdido una oportunidad porque los momentos sólo ocurrían una vez.
Cuando veo una idea de Bazaar pienso exactamente lo mismo. En muchas ocasiones las editoriales deberían ser infinitamente superiores. Tienen a Patrick Dermachelier, estilismo de Katie Grand y un escenario maravilloso pero... no pasa nada. Son olvidables. Y no entiendo por qué.

Es un poco injusto compararla con su rival más cercana pero Vogue casi siempre tiene algo rescatable en cuestión de imagen, incluso en meses flojos como julio. En teoría debería tener algo de ventaja pero me frustra un poco ver que con un staff tan impresionante, en muchas ocasiones presenten números tan grises.
Muchas portadas son aburridas, los contenidos no son novedosos y la creatividad termina siendo frenada por un mal resultado. Lo veo con colaboradores como Mario Sorrenti, quien básicamente hace lo mismo en Bazaar y en Vogue Italia pero el resultado es casi opuesto. Y de verdad no entiendo por qué.

La primer Bazaar de Liz Tilberis. Yo la tengo y está a la venta, si alguien la quiere, mándeme un mail
Sinceramente, creo que el mejor periodo contemporáneo de Bazaar fue en los 90, cuando Liz Tilberis la dirigía. La revista era propositiva y vanguardista, adecuada para el momento en el que la moda era minimalista y requería un contenido mucho más impactante para venderse. Me sorprende lo bien que envejecieron esas ediciones y lo frescas que se ven a pesar de que los trucos de imagen que utilizan se han visto millones de veces en revistas tanto de calidad como de poca monta.
Pero Tilberis murió en 1999 y entonces la revista fue hundiéndose de nuevo, primero con Katherine Betts (protegida de Anna Wintour, quien la odió de por vida al haberse ido con la competencia) y en estos últimos diez años con la última editora. Glenda Bailey comenzó bien, tengo una edición del 2002 que es propositiva y tiene tanto la clásica editorial en un paisaje impresionante como una realizada en una tranquila calle de Los Angeles y los contenidos llaman la atención. Pero un par de años después comenzó la debacle.

No estoy diciendo que todo Bazaar es malo: en este post están viendo algunas imágenes que, a mi gusto, son las mejores en esta edición. Pero por cada editorial excelente vienen otras que son muy olvidables. Por ejemplo, la sesión que hicieron inspirada en Martin Scorsese es mediocre, por decir lo menos. O cuando quieren recrear momentos de gloria, como aquella vez en la que disfrazaron a Sarah Jessica Parker de Diana Vreeland. Las modelos, las prendas, el decorado, parece como una representación escolar. Y no debería ser así.
Me preguntarán si parte de mi decepción con ellos es por una política editorial antibloggers (en la edición nacional). La verdad es que no: yo entiendo que somos medios diferentes y que no se quieran mezclar con nosotros. A final de cuentas, tienen un alcance mayor que mi blog y manejan más dinero que yo. Al menos en mi caso, tienen más influencia ellos, y lo respeto.

Pero regresemos al caso global. En muchos de sus intentos, Harper's Bazaar fracasa estrepitosamente. Y no estamos hablando de presupuestos. Muchas fotos simplemente son irrelevantes. Es como si tuviéramos enfrente a alguien con mucho potencial que simplemente sigue saboteando todos sus intentos de genialidad.
Me da la impresión que en la revista no (se) exigen lo suficiente. Y si eso es malo en la vida diaria, es peor en un medio masivo.
































